lunes, 24 de agosto de 2026

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24 DE AGOSTO DE 2026.

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Revista Jacobin
Cerca de 400 de 1,328 detenidos por ICE tenían condenas o cargos penales, según informó el DHS tras un operativo en Virginia y Maryland

Luis Vitale: Los orígenes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) hace 61 años

El domingo 15 de agosto de 1965, hace exactamente 61 años, se fundó el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), organización que ejercerá una particular influencia en el devenir político del país, tanto en las postrimerías del Gobierno de Eduardo Frei Montalva, como en el período presidencial de Salvador Allende y durante la dictadura cívico– militar.

El historiador Luis Vitale Cometa, famoso por su “Interpretación Marxista de la Historia de Chile” fue uno de los fundadores del MIR, participando en su Constituyente y redactando su Declaración de Principios. Antes había sido miembro del primer Consejo Directivo Nacional de la Central Única de Trabajadores (CUT), bajo la presidencia de Clotario Blest.

Hace unos divulgó un manuscrito con su visión de los orígenes y primeros años del MIR. A pesar de que Vitale hace formulaciones que pueden resultar controvertidas, reproducimos fragmentos del trabajo como contribución a la memoria histórica.

El proceso de unidad revolucionaria (1961–1965)

Este proceso se dio en un contexto internacional–latinoamericano y nacional, que estimuló la formación de organizaciones revolucionarias, alternativas a la política de la izquierda tradicional. El hecho más trascendental fue el impacto de la Revolución Cubana, la primera revolución socialista triunfante no sólo de América Latina sino también del Hemisferio Occidental. En esa misma década se consolidó el proceso de transición al socialismo en China, influenciando sobre todo a la juventud latinoamericana con el llamado de Mao–tsé–Tung a que “florezcan cien flores” en la estrategia por la toma del poder, como asimismo las repercusiones de la “revolución cultural”. También ejerció influencia en nuestra América el avance de la revolución anticolonial en África, especialmente en Argelia, y en Asia, sobre todo los primeros éxitos de la lucha guerrillera en Vietnam y otras partes de la península Indochina.

Las movilizaciones de los trabajadores latinoamericanos y las acciones de los primeros movimientos guerrilleros, bajo el influjo de la Revolución Cubana, impactaron fuertemente a los grupos revolucionarios de Chile tanto por su coraje y decisión como por sus frustradas experiencias foquistas de lucha armada, con excepción del movimiento de Yon Sosa en Guatemala y de Hugo Blanco en Perú que trataron de superar la concepción del “foco”, combinando las acciones armadas con un trabajo social en profundidad en el campesinado y los pueblos originarios.

El contexto chileno de ascenso popular –influido por estos sucesos de la contemporaneidad, que vivió la anterior generación y la de Miguel (Enríquez)– estimuló una salida revolucionaria de otro tipo en Chile durante el gobierno autoritario del representante de “los gerentes”: Jorge Alessandri, y de las expectativas despertadas en centenares de miles de obreros y campesinos por las promesas del flamante gobierno reformista de la DC y de su Presidente Eduardo Frei.

Jóvenes chilenos pudieron haberse enmontañado sin base social, como otros hermanos latinoamericanos, abrir un foco guerrillero y morir heroicamente, pero sin incidir en el conjunto de los explotados. La aguda coyuntura de lucha de clases chilena, en brazos del ascenso popular, hizo surgir organizaciones y tendencias revolucionarias, fuera y dentro de los partidos de la izquierda tradicional.

El primer paso hacia la unidad de las fuerzas revolucionarias lo dio el presidente de la CUT, Clotario Blest, al formar el M3N –sigla surgida a raíz del gran Paro general y la Concentración del 3 de noviembre de 1960 de cerca de 50 mil personas en Plaza Artesanos. Su manifiesto–saludo a los trabajadores decía: “El M3N es un movimiento revolucionario que tiene por finalidad orientar las lucha hacia la transformación sustancial del sistema capitalista por un régimen revolucionario dirigido por los trabajadores. Rechaza toda teoría de colaboración de clases que a través de la vía pacífica se pueda derrocar a la burguesía. El M3N sólo confía en la movilización del pueblo para alcanzar el poder para los trabajadores (…) El M3N no es un nuevo partido político, ni tampoco es anti–partido; es un Movimiento que tratará de reagrupar a todos los revolucionarios del país, sin distinción de tendencias (…) Lucha por el fortalecimiento de la CUT y su unidad. 1961 debe ser el afio en que la CUT presente una batalla o Huelga General por los reajustes en la que intervengan obreros, campesinos y empleados del sector público y privado. Así, en su 8° aniversario, la CUT podrá quebrarle la mano al gobierno derechista de Alessandri y abrir la perspectiva de cumplir sus postulados señalados en su Congreso Constituyente de 1953: luchar por la transformación revolucionaria del actual régimen capitalista”.

En su programa, el M3N proponía: “Nueva Constitución del Estado, surgida de una Asamblea Constituyente del Pueblo, Reforma Agraria Integral, Reforma Urbana, Abolición de los monopolios capitalistas y expropiación de las empresas imperialistas, Expropiación de los bancos particulares, de las fábricas y gran comercio y administración de las mismas por los trabajadores, Dirección y Administración de la economía del país por Conejos de Obreros y Campesinos, Defensa de la Revolución Cubana”. Anótese que esos puntos programáticos constituyeron la base política del proceso de unificación revolucionaria que culminó en el MIR cuatro años después.

Clotario organizó el M3N de una manera especial: un sector con apertura pública y otro clandestino, integrado por socialistas de izquierda de la CUT, de Federaciones y de sindicatos de base, agrupados en grupos concéntricos de a 5 personas, pero secretos, con el fin de que unos socialistas no tuvieran conocimientos de otros de su partido integrados al M3N. De esa manera, Clotario se aseguraba la mayoría en la CUT.

Por ejemplo, en un Consejo de Federaciones que se realizó a finales de diciembre de 1960 –al cual asistí en mi calidad de dirigente nacional de la CUT– se aceptó la moción de Blest de votar no a mano alzada sino en forma secreta la preparación de una Huelga General, con La oposición del PC, el PR y la DC. Contados los votos dieron una leve mayoría a La proposición Blest. Sorpresa, silencio en la sala y luego cuchicheos; sindicalistas del PC salieron a buscar a sus dirigentes políticos, al igual que unos pocos socialistas. Prestos vinieron sus Secretarios Generales. El del PC increpó al del PS, diciéndole que no había cumplido el acuerdo de ordenar a sus sindicalistas votar contra la Huelga General. El del PS le respondió tajantemente que sí… y entonces?. La explicación estaba en que los socialistas de izquierda de La CUT –adherentes secretos del M3N– votaron bajo la orientación de Julio Benítez a favor de la Huelga, desobedeciendo la orden de su partido. El plan orgánico de Clotario iba funcionando bien, hasta que un día se le ocurrió invitar a incorporarse al M3N a un dirigente socialista de la CUT, que era hombre de confianza del máximo dirigente del PS, Raül Ampuero, quien pronto llamó al orden a los sindicalistas más izquierdistas de su partido.

Luego, ese año Miguel Enríquez y el Bauchi (Bautista van Schouwen) y otros ingresaron a la Juventud Socialista, mientras Luciano Cruz Aguayo preparaba su ruptura con el PC. A su vez, Marco Antonio (Enríquez) era elegido vocal de la FEC (Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción) y poco después levantado por Miguel –que ya había iniciado su carrera de Medicina– como presidente de la FEC. Marco Antonio se convirtió entonces no sólo en el principal maestro político de Miguel y el Bauchi, sino también en el creador de una tendencia estudiantil revolucionaria que abrió el camino para el ulterior triunfo de Luciano a la presidencia de la FEC.

Mientras tanto, Miguel Enríquez y compañeros de Concepción, Santiago, Puerto Montt y otras provincias preparaban la escisión de la Juventud Socialista, hecho que se formalizó en el Congreso de 1964. El liderazgo de Miguel se reforzó a raíz de su valiente polémica con Robert Kennedy, de visita en Concepción. Entonces fue contactado por compañeros de Santiago que estaban estructurando el ERTE (Ejército Revolucionario de Trabajadores y Estudiantes). El “pelao” Zapata y el Chipo lograron incorporar a Miguel en este proyecto, alentado por una tendencia trotskista, el PRT (Partido Revolucionario Trotskista), que luego se integró a la VRM (Vanguardia Revolucionaria Marxista), liderada por el Dr. Enrique Sepülveda.

 

De este modo, Miguel, el Bauchi y Luciano se integraron al proceso de unidad revolucionaria que se estaba dando entre VRM y el Partido Socialista Popular (PSP) desde 1964, proceso que condujo al Congreso de Fundación del MIR el 15 de agosto de 1965. Está probado con documentos de la época, y demostrado, en la práctica política, que el MIR no fue creado por un grupo de estudiantes de Concepción, mito levantado en el exilio por dirigentes miristas de la FEC, después de la muerte de Miguel, quien en vida jamás dijo semejante aberración, pues conocía por dentro el largo y madurado proceso de unificación de 8 organizaciones.

Este proceso de unificación se fue gestando, bajo la iniciativa de Clotario Blest, primero a través de la creación del Movimiento de Fuerzas Revolucionarias (MFR) en 1961, integrado básicamente por obreros sindicalizados; por el grupo Libertario (anarquista) liderado por Ernesto Miranda, dirigente nacional de la CUT y de la Federación del Cuero y Calzado; por un sector escindido de la Juventud Radical, encabezado por Julio Stuardo, creador del Movimiento Social Progresista; el Partido Obrero Revolucionario (POR) y trabajadores sin partido.

Dos años más tarde, varias organizaciones se reagruparon para constituir el PSP, en cuyo Congreso de Fundación (1963) participaron: el POR, un sector del MIDI (Movimiento de Independientes de Izquierda, allendista, dirigido por el Dr. Enrique Reyes), militantes del movimiento de pobladores orientados por Víctor Toro, jóvenes de Santiago escindidos del PS, la OSI (Organización Socialista de Izquierda, nucleada por Gonzalo Villalón); la revista ‘Polémica’, dirigida por Tito Stefoni; la mayoría del Comité Regional de Coquimbo del PS, encabezado por su secretario general, Mario Lobos; gran parte del Comité Regional del PS de Talca y núcleos socialistas de base de la zona sur, de Linares a Puerto Montt. Como secretario general del PSP fue elegido el trotskista Humberto Valenzuela, dirigente nacional de los Obreros Municipales. Su periódico oficial fue “La Chispa”, cuyo director fue Dantón Chelén, luego de su ruptura con el PS.

Paralelamente se fueron unificando fuerzas en la Vanguardia Revolucionaria Marxista, entre ellas la mayoría de la Vanguardia Nacional del Pueblo, liderada por Enrique Sepulveda, sectores disidentes del PC, que años antes formaron el MRA (Movimiento de Resistencia Antiimperialista) dirigido por Luis Reinoso, Benjamin Cares, J. Pilowsky, Ernesto Benado y Martin Salas; en 1963 se integró el PRT (Partido Revolucionario Trotskista), orientado por Jorge Cereceda, y en 1964 el MRC (Movimiento Revolucionario Comunista, escindido de la Juventud Comunista, orientado por Gabriel Smirnow). A la VRM se integraron en 1964 Miguel, el Bauchi, Marco Antonio y otros estudiantes de Concepción.

A este proceso de unificación, uno de los pocos investigadores del tema, Carlos Sandoval D., lo denomina “Prehistoria”, tomando este concepto de la clasificación tradicional de los historiadores europeos de la Historia Universal que estimaban que la historia comenzó con la escritura, colocando equivocadamente el prefijo “pre”, sin advertir que todo es historia a partir de la aparición de los primeros seres humanos y de su contacto con la naturaleza (…)

No corresponde caracterizar de “prehistoria” al proceso de unificación de la izquierda revolucionaria (1961–1965) por varias razones: a) porque los principales fundadores del MIR fueron los mismos que lideraron los diversas organizaciones que dieron nacimiento al Movimiento de Izquierda Revolucionaria; b) porque el carácter Socialista de la Revolución, la necesidad de la lucha armada e insurreccional para la toma del poder y el programa del Congreso de Fundación del MIR se basó en los programas que tenían el POR, el PRT, la VRM y el PSP, que muchos años antes hacían uso de la “escritura” y de acciones relevantes en el movimiento obrero; c) porque los principales dirigentes sindicales y del movimiento de pobladores que asistieron al Congreso de Fundación, provenientes de las organizaciones citadas, fueron los mismos que tuvo el MIR en sus comienzos; d) porque el periódico “El Rebelde” se editaba por la VRM varios años antes de que el MIR lo adoptara como su órgano oficial, haciendo uso obviamente de la “escritura”. Nos permitimos hacer estas aclaraciones no sólo para demostrar que antes del MIR las organizaciones citadas ya hacían historia, sino porque Sandoval sólo menciona como referencia teórico–política a la VBM en su libro (…)

Todos las organizaciones que confluyeron en el PSP y la VRM se autodisolvieron con la decisión de constituir un solo partido de la revolución. Con este objetivo central se convocó al Congreso de Fundación del MIR. Queda así demostrado, con documentos de la época, que el MIR no fue creado por un grupo de estudiantes de Concepción sino por las numerosas organizaciones citadas, de larga trayectoria en el movimiento sindical y poblacional, a través de un proceso de discusión y acciones comunes que duró 4 años, de 1961 a 1965. Como prueba irrefutable podemos decir que el MIR, 15 días después de su fundación, llevó más de 25 delegados al IV Congreso Nacional de la CUT, efectuado el 30 de agosto de 1965. La conclusión es obvia: es imposible que un grupo de estudiantes de Concepción pudiera haber elegido más de 25 delegados obreros entre el 15 y 30 de agosto, que presentaron un programa de lucha que sólo puede ser elaborado por trabajadores experimentados (…)

Por lo demás bastaría con señalar que en el Congreso de Fundación del MIR fueron elegidos al Comité Central personas como Clotario Blest (9 años presidente de la CUT y primer y único partido en el que militó) y Humberto Vaienzuels, candidato obrero a la Presidencia de Chile en 1942, para demostrar rotundamente que el MIR no fue fundado por un grupo de estudiantes de Concepción (…)

El Congreso de Fundación del MIR

Al Congreso de Fundación del MIR, efectuado en la calle San Francisco N° 269, local facilitado por el anarquista Ernesto Miranda, asistieron delegados del PSP, de la VRN, el sector sindicalista encabezado por Clotario Blest y un grupo escindido del PSR, liderado por Norman Gamboa y Patricio Figueroa.

En dicho Congreso se aprobó una Declaración de Principios, cuyo borrador fue redactado por Luis Vitale; un programa estratégico y coyuntural de lucha, propuesto por Clotario Blest, el PSP y VRN; unas bases de organización y estructura interna del MIR y una Tesis Insurreccional redactada por Miguel y Marco Antonio Enriquez y leída por Miguel, hecho inédito en la historia de los partidos de la izquierda chilena, pues en ninguno de sus Congresos jamás fue aprobada una tesis insurreccional. Fue aprobada con una modificación fundamental: que para iniciar la insurrección armada debía haber un ascenso relevante del movimiento popular y que los grupos armados tenían que asentarse en fuertes bases sociales, para no caer en una desviación foquista, como habla sucedido en varios países latinoamericanos.

La Declaración de Principios tuvo aspectos teóricos y programáticos tan trascendentes que (…) mantienen vigencia, a contracorriente de los “renovados por la derecha” y de los que en un tono triunfalista –efímero, como toda moda– proclaman la obsolescencia del marxismo y de la lucha de clases, aparentando ignorar que bajo el “neoliberalismo” las desigualdades sociales son más agudas que en los siglos anteriores.

En su acápite I, p. 1, planteaba la tarea central de “emancipación nacional y social”, hoy más urgente que nunca pues la transnacionalización del capital y la denominada “globalización” han significado la perdida de “facto” de la soberanía nacional y hasta la propia identidad cultural de nuestros pueblos.

También está vigente el acápite II: “El MIR combate intransigentemente a los explotadores, orientado en los principios de la lucha de clases y rechaza categóricamente toda estrategia tendiente a amortiguar esta lucha”. El acápite IV definía sin equívocos el carácter de la revolución: “Las luchas por la liberación nacional y la reforma agraria se han transformado a través de un proceso de revolución permanente e ininterrumpida, en revoluciones sociales, demostrándose así que sin el derrocamiento de la burguesía no hay posibilidades efectivas de liberación nacional y reforma agraria integral, tareas democráticas que se combinan con tareas socialistas. La revolución en los países coloniales y semicoloniales no ha resuelto aún los problemas básicos del socialismo. Mientras la revolución no triunfe en los países altamente industrializados siempre estar abierto el peligro de una guerra nuclear y no se podrá alcanzar la sociedad sin clases”.

Esta conclusión es más vigente que nunca en plena era del llamado capitalismo “neoliberal”, que de liberal –en el sentido decimonónico del concepto– no tiene ni pizca, sino que más bien el modelo es neo–conservador. El acápite V planteaba una apreciación clave: “La crisis de la humanidad se concretiza en la crisis de dirección mundial del proletariado” (p.2). Si esta conclusión era correcta hace 34 años, cuando aún existían importantes corrientes revolucionarias en el mundo, hoy cobra mayor relevancia ante la crisis generalizada de la izquierda mundial.

En el acápite VI se rechazaba “la teoría de la revolución por etapas, que establece equivocadamente que primero, hay que esperar una revolución democrático–burguesa, dirigida por la burguesía industrial” (p.2). Las críticas al reformismo que se formulan en el acápite VII continúan siendo certeras, hoy más nunca ante el giro derechista del PS, que por su transformismo político se ha convertido en un partido más liberal de centro que socialdemócrata, para vergüenza de Bernstein y Kautsky, que si eran verdaderos teóricos socialdemócratas, no estos pragmáticos de la “era neoliberal”.

Los partidos de la izquierda tradicional –decía la Declaración de Principios del MIR– “engañan a los trabajadores con una danza electoral permanente olvidando la acción directa y la tradición revolucionaria del proletariado chileno. Incluso sostienen que se puede alcanzar el socialismo por la vía pacífica y parlamentaria, como si alguna vez en la historia las clases dominantes hubieran entregado voluntariamente el poder” (p.2).

Este diagnóstico tuvo un desenlace trágico porque los partidos de la Unidad Popular, diseñaron su estrategia basados en la “vía pacífica y parlamentaria”, adobada con “vino tinto y empanadas”. Todos conocemos el resultado: se ganó electoralmente el gobierno con Allende pero no el poder real (…)En tal sentido, la Declaración de Principios del MIR fue profética: “El MIR rechaza la teoría de la vía pacífica (porque desarma políticamente al proletariado y por resultar inaplicable, ya que la propia burguesía es la que resistirá, incluso con la dictadura totalitaria y la guerra civil, antes de entregar pacíficamente el poder”. La prognosis del MIR no pudo haber sido más acertada al señalar que “el único camino para derrocar el régimen capitalista es la insurrección popular armada” (p. 3).

El último acápite de la Declaración de Principios sigue vigente: “Hemos asumido la responsabilidad de fundar el MIR para unificar, por encima de todo sectarismo, a los grupos militantes revolucionarios” (p.3). Si esta decisión era correcta entonces, hoy es tan necesaria como antes, sobre todo porque han comenzado a surgir fuerzas revolucionarias no muy inferiores a las que dieron lugar a la fundación del MIR, con la ventaja de haber sufrido experiencias que pueden contribuir a una táctica más adecuada a la coyuntura y con la conciencia de que no sólo el proletariado es la única fuerza motriz de la revolución, al comprender la importancia de otros Movimientos Sociales.

En tal sentido, cabe recordar que el MIR, como otros partidos de la izquierda de aquel entonces, no consideraron la significación potencialmente revolucionaria del movimiento feminista, de los Pueblos Originarios y menos de aquellos ecologistas subversivos. Bastaría releer la Declaración de Principios del MIR de 1965 para darse cuenta de que no hay ninguna referencia a la mitad de la población, las mujeres, ni tampoco la más mínima mención a los mapuches y aimaras, omisiones de las cuales soy en cierta medida responsable por haber sido designado para redactar el borrador, lo que no exime a los delegados que asistieron al Congreso de Fundación.

En la última línea de la Declaración de Principios se sostiene que “el MIR se rige por los principios del centralismo democrático” (p.3), una afirmación que amerita una exhaustiva explicación para las nuevas generaciones, reacias a aceptar toda orgánica con estructura verticalista (…)

El “centralismo democrático” es una categoría política clave para la construcción de un partido revolucionario, pero ha sido tan manoseada y deformada, que de hecho se ha transformado en un aberrante centralismo burocrático. En nombre del centralismo democrático, Stalin se convirtió en un dictador y luego los partidos de la izquierda –tanto tradicional corno revolucionaria– han actuado de manera centralista y antidemocrática. Sugerimos, entonces, conservar la esencia de lo que fue esta formulación planteada por los clásicos del marxismo, pero cambiándole el nombre. Al efecto, proponemos el concepto de coordinación–democrática, como una sola categoría, sin escindir coordinación de democracia, que exprese la centralización de las acciones y políticas resueltas de manera democrática por las bases, no de imposición verticalista sino de comunicación fluida entre las bases y la dirección. Se evitaría así el carácter federativo, al mismo tiempo que se estimularía la relativa autonomía de los organismos regionales y locales.

Otra insuficiencia que tuvimos en el MIR fue no tener una clara Concepción de Partido. Criticábamos al estalinismo, pero no profundizamos acerca de que nuestra izquierda era heredera en lo fundamental de esa estructura de partido, con su respectivo secretario general, que por ser elegido en un Congreso goza de especiales poderes hasta que es cambiado por otro, que repite el mismo esquema de poder. En fin, hay que terminar con la estructura verticalista, que tiende al sustitucionismo tanto de las organizaciones populares como de los propios organismos partidarios de base. Un partido que sea capaz de respetar la autonomía de los movimientos Sociales, étnicos y de género y que haga política no “en representación” de ellos, sino a través de los dirigentes naturales del pueblo oprimido.

El programa aprobado partía de una clara posición internacional, que diferenció al MIR de los otros partidos de izquierda, inclusive el maoísta PCR (Partido Comunista Revolucionario). “Por graves que sean los errores en que suelen incurrir las burocracias políticas de los Estados en transición al socialismo, el MIR proclama su apoyo al campo socialista y rechaza categóricamente la idea de una posible neutralidad (…) Se pronuncia por la defensa de estos países en caso de agresión capitalista (…) El MIR proclama su apoyo a la revolución cubana, sus métodos de lucha insurreccional, liquidación de la oligarquía, actitud antiimperialista y formas de construcción del socialismo (…) El MIR luchará por la organización de las Repúblicas Unidas Socialistas de América Latina, unidad que concebimos no como un solo país, sino como una unidad federativa”.

El programa para Chile planteaba: a) Nacionalización sin indemnización de las empresas de cobre, salitre, hierro, electricidad, teléfonos, bancos y grandes casas comerciales; b) Ruptura de los pactos que nos atan al imperialismo; c) Desconocimiento de la Deuda externa; d) Revolución Agraria; e) Reivindicaciones coyunturales para los explotados y oprimidos y un diseño de sociedad socialista alternativa. “Este programa solo podrá ser realizado mediante la liquidación del aparato estatal burgués y su reemplazo por la democracia directa y las milicias armadas de obreros y campesinos (…) derrocando a la burguesía e instaurando un gobierno revolucionario dirigido por los órganos de poder de obreros y campesinos”.

Continuando con el relato del Congreso de Fundación del MIR, recordamos que Enrique Sepúiveda fue elegido secretario general y que el Comité Central estuvo integrado por Clotario Blest, Humberto Valenzueia, Luis Vitale, Oscar Waiss, Gabriel Smirnow, Dantón Chelén, Miguel Enríquez, Bautista van Schouwen, Edgardo Condeza, Jorge Cereceda, Martín Salas, el “Pelao” Zapata, Luciano Cruz, Mario Lobos y Mondiola. El Secretariado Nacional quedó integrado por Sepúlveda, Smirnow, Chelén, Waiss y Valenzuela.

Imágenes de Luis Vitale, Miguel Enríquez y periódico “El Rebelde”: Archivo Nacional de Chile.

Santiago, 15 de agosto de 2026.

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